Una foto aleatoria

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Una frase aleatoria

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martes, 20 de abril de 2010

Maricón


En una película que vi hace muchos años y cuyo título no recuerdo (quizá algún lector lo sepa por la pista que voy a dar y pueda ayudarme a buscarla), un ciudadano español (quizá Antonio Resines, ahora que lo pienso), o europeo o norteamericano, viaja en un viejo autobús por las carreteras montañosas de algún país sudamericano, quizá Colombia, Bolivia, Perú, nombres todos que me resultan sumamente evocadores. El autobús iba parando en cada municipio que encontraba, y el chófer avisaba gritando el nombre con la debida antelación, para que los viajeros se preparasen para apearse. De este modo, parada tras parada, el autobús se llenaba y vaciaba en su larga y pausada ruta. A las varias horas de viaje el ciudadano del hemisferio norte era el único varón en el grupo de viajeros, estando acompañado de unas ocho o nueve mujeres, sentadas de manera dispersa por los asientos del autocar; el conductor, entonces, sin razón aparente, vuelve su cabeza ligeramente hacia atrás y empieza a gritar: «¡Maricón, maricón!», decía, y el turista, estupefacto e incrédulo, buscaba entre los pasajeros al gay al que se pudiera estar refiriendo el chófer. El vehículo, entonces, llegaba a una pequeña aldea en mitad de la sierra, llamada Maricón.
Escribo estas líneas cuando acabo de subir a un autobús en Cuenca, Ecuador, que me ha de llevar en unas seis horas hasta Ambato, en donde tomaré otro autocar para viajar a otra ciudad llamada Baños, que creo que es una auténtica maravilla. A los pocos minutos de arrancar ya hemos parado un par de veces para que suban otros viajeros. Entre otros, sube un señor con corbata y chaqueta de cuero negra. Se queda de pie al principio del pasillo, pide disculpas y solicita nuestra atención. Nos habla durante un rato largo de la parasitosis, y menciona a la triquina y a la tenia, que llegan —nos dice— por las venas y los nervios hasta la cabeza, en donde comienza a reconcomer el cerebro y a volver loco al enfermo. Al final de su charla ofrece unos sobres de un laxante natural, que nos limpiará el estómago y los intestinos, dejándolos como una tubería nueva de PVC: un sobre del purgante, un dólar USA; tres sobres, dos dólares. «Me interesa vender el lote», explica, «por eso se lo dejo a este precio». El vendedor hace una buena caja. Se baja en Azogues, en donde el bus hace una pausa y suben durante este tiempo otras dos personas: una ofrece el periódico y lotería; la otra, fruta fresca cortadita en trozos.
Me duermo un rato y, cuando abro los ojos, estamos parados en un pueblo, dándole aire a las ruedas del coche. Acabo de ver una llama en la ladera de la montaña. No me ha dado tiempo a fotografiarla. A la izquierda de la carretera se contempla un valle inmenso, cubierto de nubes, a una cota inferior a la mía. La señora que viaja a mi lado lleva un sombrero de Panamá. Ayer, acompañado de César, un estudiante colombiano de doctorado de la UCLM que ha venido a este mismo congreso, compré uno por 12 dólares y, mientras una de las señoras que atendía el negocio fue a buscar uno más grande que los del escaparate, la otra nos contó la historia de estos sombreros panameños que se fabrican en Ecuador: parece que, cuando se construía el canal de Panamá, los gringos que dirigían la obra encargaron algún tipo de sombrero elegante y fresco, y nadie pudo hacérselo en aquel país. Mandaron a diseñarlos y a fabricarlos a Ecuador. Son de fibra natural, blancos y muy frescos. La señora me ha enseñado a plegarlo, y lo llevo así en la maleta. Cuando lo saque en España volverá, con un poco de ayuda, a tomar su forma original.
Llevo ya seis horas de viaje y me dice el ayudante del chófer que queda aun otra hora y pico de camino.
La carretera es de asfalto, no de tierra; el chófer no anuncia los destinos con antelación; en el autobús se prohíbe fumar; no hay gente sentada en el techo ni en el piso; nadie transporta gallinas en jaulas, ni cajones de frutas; los pasajeros hablan por sus teléfonos celulares de Movistar y Porta. En el vídeo proyectan una película de Jean Claude Van Damme que interrumpe un nuevo vendedor de Manicomios, «una nueva chocolatina, un nuevo producto, de cacao y manises, que en la costa se vende a 40 centavos la pieza pero que aquí, por la promoción, yo se la estoy ofreciendo a un dólar las cuatro». Ni el conductor ni el ayudante anuncian las paradas. «Avíseme por favor cuando lleguemos a Ambato», le pido, «porque debo tomar otro autobús a Baños».
Llegamos a Riobamba. Debe de ser un destino importante porque muchos viajeros toman sus pertenencias y esperan de pie a que el autobús se detenga. Pensé que podría bajar a echar un cigarro, pero el autobusero arranca rápido. Sube un hombre ofreciendo helados; tienen un aspecto excelente, pero todas las guías recomiendan andarse con mucho cuidado y no aceptar alimentos sin control sanitario.
Y, finalmente, después de casi 8 horas de viaje cansado pero de vistas maravillosas, llego a Baños y me alojo en el hotel de Uve, un danés que ha montado un pequeño y coqueto hotelito de 2 habitaciones a 20 dólares la noche, con unas vistas magníficas de la sierra, que rodea el pueblo por todas partes. Son las siete de la tarde y anochece en el ecuador.

martes, 13 de abril de 2010

Detección del idioma


Es probable que alguno de los improbables lectores de esta columna utilice algún programa informático para escribir sus textos. El Microsoft Word es el más frecuente, y quizá alguna vez el lector mezcle un párrafo en español con otro en un idioma diferente, como por ejemplo este párrafo que aun no ha terminado y las siguientes líneas, que pertenecen a una canción de Bob Dylan:
“How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?”
El procesador de textos detecta de manera automática el idioma de cada párrafo, de manera que adivina que hay un trozo en castellano y otro trozo en inglés, y a cada uno le aplica, para resaltar los posibles errores ortográficos, el diccionario que corresponda.
Si uno mismo tuviera que averiguar los diferentes idiomas de un texto escrito en varios lenguajes, lo más probable es que echara mano de diversos diccionarios y fuese buscando por ellos palabras de cada párrafo. Los siguientes párrafos dicen en diversos idiomas lo siguiente: «Bienvenida. Deseo dar la bienvenida a los miembros de una delegación de…»:
Velkomstord Mine damer og herrer, det er mig en stor glæde at kunne byde velkommen til en ...
Liebe Kolleginnen und Kollegen! Im Namen unseres Hauses begrüße ich eine Delegation des...
Mina damer och herrar! Än en gång sammanträder vårt parlament för ...
En lugar de hacerlo como lo haría un humano, los ordenadores (o, más bien, los ingenieros informáticos que los programan) utilizan lo que se llaman “bigramas”, “trigramas” y, en general, “n-gramas”. Un bigrama es una secuencia de dos letras; un trigrama, de 3; un “n-grama”, una secuencia de “n” letras.
Para detectar el idioma, los programas informáticos toman el texto cuyo idioma desean reconocer y contabilizan las apariciones de bigramas y trigramas. Cada lengua dispone de su propio conjunto de bi y trigramas más frecuentes, de manera que con esta información es normalmente suficiente para detectar el idioma en que el texto está escrito. En castellano, los bigramas y trigramas más habituales son: en, es, el, de, la, al, os, ar, re, er, nt, on, ad, ue, ra, ci, as, te, se, co; ent, que, del, ela, ion, dad, cio, con, est, ade, ali, ida, nci, eal, ode, aci, ci, ese, ien.
En primer párrafo de este artículo, “en” aparece 7 veces; “es”, 9; “el”, 3 veces. En cuanto a trigramas, “ent” y “que” aparecen 3 veces.
Además de para esto, bigramas y trigramas se utilizan en sistemas de codificación y de criptografía asignando, por ejemplo, números o letras a cada trigrama. Un libro breve y muy ameno sobre esto se titula “Introducción a la criptografía: historia y actualidad”, de Ortega, López y García del Castillo, profesores de la Universidad de Castilla-La Mancha.

lunes, 5 de abril de 2010

Cien columnas

Hace algunas semanas, he publicado cien columnas en el diario El Día de Ciudad Real durante cien semanas ininterrumpidas. Por curiosidad he calculado algunos datos:
a)      Entre todas suman 67.607 palabras. No he contado aquí los números, que han sido unos cuantos cientos.
b)      Muchas de esas palabras aparecen más de una vez: “de”, por ejemplo, es la palabra más corriente y aparece 4.006 veces; la siguiente es “que”, con 3.111; después vienen “la”, “y”, “el” y “en”, con 2.287, 2.051, 1.924 y 1.841 apariciones respectivamente.
c)      Realmente, el número de palabras distintas utilizadas ha sido de 11.699: “abad” o “abanderado” aparecen una sola vez. “Abandonaba” también, pero luego aparecen más veces otras formas verbales del verbo “abandonar”, como “abandonó” o “abandonando”. Solamente hay 7022 palabras que aparecen una sola vez. El resto aparece más de una vez.
d)      Por letras: 5266 empiezan por A, 737 por B, 5035 por C, 7356 por D, 7779 por E, 1020 por F, 663 por G, 1900 por H, 1387 por I, 335 por J, 32 por K, 5933 por L, 3401 por M, 1905 por N, 2 por Ñ (la propia letra “ñ”), 1631 por O, 5200 por P, 3459 por Q, 1540 por R, 4501 por S, 2192 por T, 2063 por U, 1208 por V, 34 por W, 15 por X (Xavier, xenófoba, xenófobos, Xunta y algunos siglos), 2321 por Y y 49 por Z.
e)      Aisladamente, la letra “a” aparece 1454 veces; la “e” 45; la “i”, una vez (supongo que procedente de algún texto en inglés); la “o”, 564; la “u”, 8.
f)        La “y”, como conjunción, aparece 2051 veces.
g)      En total, aparecen 308.876 letras (entre la A y la Z) en los 100 textos. La E es la más frecuente, con 42.173 ejemplares (13,65%), seguida de la A, con 36087 (11,68%). Después vienen la O, la S y la N, respectivamente con el 9,14, el 7,62 y el 7,33 por ciento. Estas cinco letras (E, A, O, S y N) acumulan casi el 50% de las apariciones. Y, de entre las 3125 combinaciones posibles que pueden conseguirse con ellas cinco, encontramos las siguientes palabras castellanas: anoas (un tipo de búfalo), anona (un árbol), ansas (un asa), asaos, asase, asean, aseas, aseen, asees, aseos, asesa, aseso, asnas, asnos, enana (de “enanar”: hacer enano), enane, enano, nanas, nanea (de “nanear”: andar como los patos), nanee, naneo, nansa (nasa de pescar), nenas, nenes, nones, nonos (novenos), osaos, osase, osean (del verbo “osear”), ososa y ososo (relativos al hueso), sanan, sanas, sanea, sanee, sanen, saneo, sanes, sanos, sansa (orujo de aceituna), sanso (en Vizcaya, según el diccionario, es un grito de alegría), senas (conjunto de seis puntos señalados en la cara de un dado), senos, sesee (de sesear), seseo, sesos, soasa, soase, soaso, sones, sonsa y sonso (tonta y tonto), sosas y sosos.
h)      Después vienen, ordenadamente, la R, I, L, D, U, C, T, M, P, B, Q, G, Y, V, H, F, J, Z, Ñ, X, K y W.
La longitud media de las palabras usadas es de 7,85 letras. La más larga, “inconstitucionalidad”, seguida de “medioambientalmente”, “democratacristianos” y “castellanomanchegos”. Como se ve en el gráfico, las palabras más frecuentes tienen entre 7 y 8 caracteres.

martes, 23 de marzo de 2010

Inventar y descubrir


Un profesor que tuve en octavo nos dijo que el invento humano que más le fascinaba era el juego formado por el pistón y el cilindro en el motor de explosión. Le maravillaba esa distancia mínima entre ambos componentes, que permite que la mezcla de gasolina y aire suban a comprimirse empujados por la biela, para explotar y bajar con violencia cuando la bujía hace saltar su chispa.
            Otro profesor nos contó que los inventos, como ese del motor de explosión, no tienen cabida en las Matemáticas ni en la Física, porque lo que hacen matemáticos y físicos es simplemente descubrir las relaciones que ya existen de manera natural entre la superficie de un círculo y su radio, o entre los catetos y la hipotenusa, o entre la Luna que, gira que te gira, no llega a nunca a caerse sobre la Tierra ni a separarse de ella más de lo dictan las leyes de Newton. Fleming, por ejemplo, que no era matemático ni físico, descubrió pero no inventó la penicilina, parece ser que en ese azar famoso que le hizo pararse a pensar antes de tirar a la basura la placa con el precipitado infectado por Penicillium notatum que, a otro, le habría estropeado su experimento. Edison, sin embargo, sí inventó la bombilla incandescente, después de probar a pasar la corriente eléctrica a través de cientos de filamentos de distintos materiales, hasta que consiguió, con uno de ellos, que se iluminara la estancia en la que se encontraba.
            Uno de los descubrimientos que más me llaman la atención es el del café: se trata de una planta que crecía libre y salvaje en las colinas de las montañas. Alguien debió de sentir la curiosidad de acercarse y probar el grano verde, y pensar que qué malo estaba, tan amargo. En lugar de dejarlo y buscar otra planta que llevarse a la boca, el hombre, en un arrebato iluminatorio, pensaría: «Lo voy a tostar, a ver qué pasa», y entonces obtendría un grano marrón oscurecido y duro, casi insípido, que le dejaría los espacios interdentales y el espacio debajo de la lengua llenos de trocitos, y con una sensación al masticar nada agradable. «Lo voy a moler», pensaría con insistencia, y obtendría entonces el polvillo fino que nos venden ya en los paquetes envasados al vacío. En lugar de tirarlo, el curioso se preguntaría a sí mismo: «¿Qué puedo hacer con esto?», y alguien que lo observaba incrédulo le diría: «Colócalo en un filtro y échale agua caliente». Y así lo hizo el primero. «Qué amargo», le contestaría a su amigo después de hacerlo. Y otra vez, en lugar de dejarlo y olvidarlo, le echaría azúcar y, quizás todavía sin que le gustase demasiado la nueva combinación, se lo cortó con leche. Qué camino más largo y más raro y más inverosímil para una infusión sin la que muchos no podríamos pasar.

jueves, 4 de marzo de 2010

El azar

Hace doce años viajé a una reunión y a un congreso a Curitiba, en Brasil. Entre la reunión y el congreso había un fin de semana entre medias, y aproveché para ir a visitar las cataratas de Iguazú. Tengo que decir que hice este viaje solo, y que pedí a alguien que me inmortalizase ante aquellos impresionantes saltos de agua. Me sacó un foto descentrada, en la que el protagonista parece ser un hombre de barba situado un poco delante de mí (en una posición futbolera de fuera de juego, difícil de apreciar para un linier), que saluda a la cámara. Al regresar de Iguazú, buscando mi mostrador para facturar y obtener la tarjeta de embarque en el aeropuerto, me encontré a un señor mayor que me sonaba muchísimo. Le pregunté. Se llamaba Ralph (o eso entendí) y era holandés. Por la conversación, descubrimos que habíamos coincidido el año anterior en otro viaje a Ámsterdam, aunque él no se acordaba en absoluto de mí. «¿Y vas ahora al congreso de Curitiba?», le pregunté, atribuyendo a este evento la casualidad de habernos encontrado en un país tan lejano. «No, no», me dijo, «tomo un vuelo a Río y regreso a Holanda».
Años después, en noviembre de 2001, asistí a otro congreso en Florencia. El evento tenía lugar en un hotel céntrico. En unas salas de reuniones de las plantas intermedias tenían lugar las sesiones científicas; a cierta hora se interrumpían y subíamos a la última planta del hotel para la comida. Coincidí en el congreso con Alex Orso, un amigo italiano que conocí ese verano en Atlanta, y comimos juntos. Al terminar decidimos salir un rato a la calle, y bajamos junto a otras personas en el ascensor. Alguien, desde una planta intermedia, llamó a nuestro ascensor para bajar también. El ascensor se detuvo para recogerlo, pero estaba ya al límite de su capacidad y no cabía nadie más. Las puertas se abrieron, apareció una chica de Ciudad Real que se acababa de casar y estaba en Florencia de luna de miel. Nos conocíamos de vista, teníamos amigos comunes. «Anda, Macario», le dijo a su reciente marido; las puertas del ascensor volvieron a cerrarse automáticamente y el aparato siguió su viaje hasta el lobby del hotel.
Tengo un amigo de humor singular. Hace años se encontró a un sudamericano cualquiera (uno de entre 400 millones) ante el mostrador de un hotel. Le oyó su acento y, en un alarde de humor, le preguntó directamente, sin conocerlo de absolutamene nada, por su amigo Críspulo, que emigró a Valencia de Venezuela hacía muchos años: «Hombre», le dijo, «es usted sudamericano. ¿Qué tal mi amigo Críspulo?». «¿Críspulo Díaz-Santos Bernal?», contestó el otro, «Precisamente el jueves estuve en un juicio con él». Hay que decir que ni Críspulo, ni mi amigo, ni el señor sudamericano abogado que esperaba a hacer el check-in en el hotel, compartían gremio. Fue el azar puro lo que hizo que se produjera ese hecho imposible. O quizás fue que el abogado recordaba en ese momento a Críspulo, y su cerebro emitía sin saberlo unas ondas telepáticas que activaron en mi amigo algún circuito que permanecía apagado y que hicieron que se acordase de él.
El sábado me sorprendió el locutor de la radio al leer las combinaciones ganadoras de la Primitiva y de la Bonoloto; más parecía que estaba contando: «2, 3, 4, 5…», dijo para la primera; «…45, 46, 47…», dijo para la segunda. El 28 de enero, los números premiados incluyeron el 16, 17, 18 y 19.
Como hay gente para todo, debe de haber muchos que apuesten de manera fija a los números 1, 2, 3, 4, 5 y 6. La probabilidad de que salga esta combinación es exactamente igual a la de cualquier otra. Los que la hayan jugado habrán tenido cuatro aciertos, y han ganado 33,58 euros. Cualquier otra semana, un acertante de cuatro números gana aproximadamente el triple o el cuádruple.

martes, 23 de febrero de 2010

Conmutación de paquetes

Como se sabe, Internet permite la comunicación de cientos de miles o millones de ordenadores en todo el mundo mediante elementos físicos llamados switches, routers, bridges, que se interconectan a través de millones de kilómetros de cables de cobre o fibra óptica, señales de satélite que viajan por el espacio y señales inalámbricas de menor alcance. Internet es una red enorme con multitud de nodos conectados unos con otros. Cuando enviamos información desde nuestro PC a otro lugar, o cuando nos descargamos un archivo de una página web, la información fluye desde el origen al destino sin que sepamos exactamente los lugares intermedios por los que pasa. A veces, además, la información viaja troceada, dividida en lo que se llaman “paquetes”. Además de una porción de la información de interés, cada paquete lleva otros datos que identifican al remitente y al destinatario, así como el número de orden del paquete. En ocasiones, cada paquete viaja por un circuito distinto: enviamos un gran correo electrónico de Ciudad Real a París y un trozo llega por Barcelona, otro por Irún, otro por Zaragoza. Cada nodo intermedio recibe el paquete, consulta la dirección del destinatario y lo reencamina en esa dirección.
Cuando el destinatario, del modo que sea, ha recibido todos los paquetes, los ordena de acuerdo a ese número de orden que lleva cada uno, de manera que reconstruye la información original, que queda como una copia exacta de la que envió el remitente.
Los políticos, a veces, aplican también esta técnica de fragmentar sus discursos. Hace años hice un curso para enseñar a enseñar, y el profesor nos mostró una tabla para hablar sin parar durante horas con un discurso que puede resultar brillante. Perdí la tabla hace tiempo, pero la he encontrado enseguida en Google escribiendo “frases discursos cualquier orden”:
Queridos compañeros la realización de las premisas del programa nos obliga a un exhaustivo análisis de la quiebra de las condiciones financieras y administrativas existentes
Por otra parte, y dados los condicionamientos existentes la complejidad de los estudios de los dirigentes cumple un rol esencial en la formación de las directivas de desarrollo para el futuro
Asimismo el aumento constante, en cantidad y en extensión, de nuestro patrimonio exige la precisión y la determinación del sistema de participación general
Sin embargo, no hemos de olvidar que la estructura actual de la organización de la Junta de Gobierno ayuda a la preparación y a la realización de las actitudes de los miembros hacia sus deberes ineludibles
De igual manera el nuevo modelo de actividad de la organización garantiza la participación de un grupo importante en la formación de las nuevas proposiciones
La práctica de la vida cotidiana prueba que el desarrollo continuo de distintas formas de actividad cumple deberes importantes en la determinación de las direcciones educativas en el sentido del progreso
No es indispensable argumentar el peso y la significación de estos problemas, ya que nuestra actividad de información y de propaganda facilita la creación del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades
Las experiencias ricas y diversas muestran que el reforzamiento y desarrollo de las estructuras obstaculiza la apreciación de la importancia de las condiciones de las actividades apropiadas
El afán de organización, pero sobre todo la consulta con los numeroso militantes ofrece un ensayo interesante de verificación del modelo de desarrollo
Los superiores principios ideológicos, condicionan que el inicio de la acción general de formación de las actitudes implica el proceso de reestructuración y modernización de las formas de acción
Incluso bien pudiéramos atrevernos a sugerir que un relanzamiento específico de todos los sectores implicados habrá de significar un auténtico y eficaz punto de partida de las básicas premisas adoptadas
Es obvio señalar que la superación de experiencias periclitadas permite en todo caso explicitar las razones fundamentales de toda una casuística de amplio espectro
Pero pecaríamos de insinceros si soslayásemos que una aplicación indiscriminada de los factores confluyentes asegura en todo caso un proceso muy sensible de inversión de los elementos generadores
Por último, y como definitivo elemento esclarecedor, cabe añadir que el proceso consensuado de unas y otras aplicaciones concurrentes deriva en una directa incidencia superadora de toda una serie de criterios ideológicamente sistematizados en un frente común de actuación perpetuadora

Está publicada en una página web de la Universidad de Alcalá de Henares: según dice esa página, «Esta preciosa tabla, exponente singular de la cultura política de nuestro país, apareció por vez primera, al parecer, en el Boletín de Ingeniería Civil- MOPU (Junio 1982), junto con la siguiente recomendación:
“No intente mejorar la gramática cambiando ‘explicitar’ por ‘explicar’, y cosas así, pues entonces desmerecerá mucho ante sus oyentes. Al fin, le resultará un espléndido discurso válido para cualquier tema político, económico, sociológico o sindical. Quizás nadie le entienda, pero tampoco nadie podrá discutir ni rebatir sus asertos”».
Por su interés y curiosidad, reproduzco a continuación un fragmento de la tabla, dividida en paquetes. Para confeccionar un discurso, basta con que empiece leyendo la frase de la primera fila y primera columna (“Queridos compañeros”) y continúe después con una frase cualquiera de la segunda, tercera y cuarta; regrese luego nuevamente a cualquier frase de la primera, y siga ya mezclando al azar hasta que su auditorio no pueda más o hasta que se le acabe el tiempo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Espinajár déis náit



En cuarto o quinto de carrera me compré un CD de los Gipsy Kings (los “Reyes Gitanos”, un grupo rumbero francés) en el que hay una versión muy bailable del Volare de Domenico Modugno. Otra de las canciones (la sexta de este disco de carátula azul) se titula “Soy”, y durante años no me he explicado cómo era posible que los Gipsy cantasen lo siguiente:

«Sí, porque gitano soy
como los Pet Shop Boys…».

¿Cómo los Pet Shop Boys? Los Pet Shop Boys son un dúo británico de hace años, que tuvieron un momento importante de fama y de ventas, de piel ultraclara, totalmente anglosajones, nada gitanos.
Ha sido hace poco cuando, escuchando esta canción con más gente, he contado la anécdota y me han aclarado que no dice “Como los Pet Shop Boys”, sino “Como lo siento voy”.
Ahora de mayor, sigo diciendo “Espinajár déis náit” cuando oigo la canción de los Beatles, igual que cuando era pequeño, en lugar de “It’s in a hard day’s night”, que siempre me pareció incomprensible. Esta “espinajár” es lo que yo entendía y sigo hoy entendiendo en la voz de Lennon o de McCartney.
A un amigo, sin embargo, fui yo quien lo sacó de un error al cantar la ranchera: «Guadalajar guajano, México en una llanura», cantaba él, en lugar de “Guadalajara en un llano». A veces se enquistan ideas o frases o pensamientos equivocados que luego persisten y pasan a formar parte de nuestro patrimonio individual.
A otro nivel, perduran expresiones que seguimos aplicando y entendiendo, como “tirar de la cadena” (que hoy debería sustituirse por “apretar el botón” en casi todas las circunstancias) o “colgar el teléfono” (que debería ser “pulsar la tecla roja”, pues no hay ya en casi ningún sitio teléfono alguno que desactive sus circuitos por el peso del auricular al ser enganchado en una percha, como antiguamente).
Frases como las anteriores son el fruto de muchos años de uso y costumbre. En estos últimos años de avances tecnológicos han surgido otras palabras y formas de expresión no verbales que enseguida han quedado obsoletas. El “cederrón”, por ejemplo, que admitió la Real Academia para referirse al CD-ROM (el cedé o CD, como ese de los Gipsy Kings que citaba al principio). A nivel no verbal, el ordenador está lleno de “metáforas” que representan objetos físicos de la vida cotidiana y que uno entiende independientemente del idioma que hable, como el “Escritorio” o la “Papelera de reciclaje”. En muchos programas informáticos se asocia el símbolo de un disquete a la función de “Guardar”, cuando la mayoría de los ordenadores que se venden hoy (si no todos) no tienen ya ni siquiera disquetera, y raro es aquel usuario que los sigue usando. Los niños asocian el símbolo del disquete a esa acción del ordenador, aunque no los conozcan ni los usen, y tiran de la cadena aunque ya las cisternas estén a la altura del lavabo, y cuelgan el teléfono sin preguntarse el lugar en el que han de hacerlo. La única acepción de “Colgar” que da el diccionario de la RAE está claramente anticuada: “Colocar el auricular del teléfono en su sitio interrumpiendo o dando por terminada una conversación telefónica”.