Y sí, aunque haya eliminado la mayoría de las pelusas con mi corte de pelo, a veces uno se ve en la obligación de fregar los suelos por la llegada de alguna visita. Anoche venían a cenar a casa los viejos amigos, y por la mañana me decidí a restregar por el salón medio cubo de agua caliente con un chorro de lejía, no fuesen a ver en las baldosas algunas manchas viejas y me fueran a tomar por lo que soy.
Pero el cubo no lo arrojé con fuerza desde la puerta de acceso para que el agua se extendiera por la estancia gracias al propio albedrío que le proporcionase mi empuje, como sí se arroja en los pueblos manchegos el agua sucia del patio a la calle adoquinada desde la puerta de casa, sino que fui extendiendo su contenido con la fregona bien empapada, mientras el agua limpia se iba oscureciendo con cada remojón del mocho.
Mi salón tiene dos puertas: una que da aquí y otra que da allí, y empecé a fregar por la primera y terminé por la otra, construyendo poco a poco un círculo en el que me quedé encerrado. Tanta agua había que, carente de bañador, no pude abrir la puerta a mis amigos cuando llegaron de noche. Y aquí sigo hoy, de pie, escribiendo y subiendo esta crónica desde el teléfono móvil que, por suerte, aún mantengo en el bolsillo.
Una foto aleatoria
Una foto aleatoria
(Foto de )
Una frase aleatoria
domingo, 25 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
viernes, 23 de septiembre de 2011
Lavadoras
Y sí, ya di a entender el otro día que no me gusta limpiar, y que por eso me pelé la cabeza y me la dejé lisica lisica y que así no hay pelusas en casa.
Ahora que se me ha roto la vieja lavadora he comprado dos con secadora incluida. Así, meto la ropa sucia en una y, cuando se llena, le doy a lavar y secar; mientras tanto, voy metiendo la nueva ropa sucia en la otra, que se va llenando, y cojo la ropa limpia de la primera. Al terminar los ciclos de lavado, la ropa ya limpia sale como planchada.
Gráficamente:
Ahora que se me ha roto la vieja lavadora he comprado dos con secadora incluida. Así, meto la ropa sucia en una y, cuando se llena, le doy a lavar y secar; mientras tanto, voy metiendo la nueva ropa sucia en la otra, que se va llenando, y cojo la ropa limpia de la primera. Al terminar los ciclos de lavado, la ropa ya limpia sale como planchada.
Gráficamente:
martes, 13 de septiembre de 2011
Raparse
He leído que las pelusas se forman siempre a partir de un pelo, normalmente caído en el suelo. Las pelusas crecen a medida que no se las barre: según leo, cuanto más nos movemos más pelusas se forman. Al caminar por casa dejamos caer cabellos sueltos y levantamos polvo, trozos de piel muerta, etcétera, componentes éstos que se adhieren y se pegan entre sí formando pelusas nuevas.
Una pelusa existente atrae más partículas y, a veces, se junta con otras más grandes formando auténticos hámsters.
Desde que me rapé y me convertí en pelado tengo la casa mucho más limpia.
Una pelusa existente atrae más partículas y, a veces, se junta con otras más grandes formando auténticos hámsters.
Desde que me rapé y me convertí en pelado tengo la casa mucho más limpia.
viernes, 5 de agosto de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
Crónicas uruguayas (V)
El edificio, como decía, es moderno, pero el teléfono antiguo. Descolgué y lo acerqué a la oreja, y así permanecí unos instantes. Del otro lado del auricular, como de un lugar remoto, me llegaba una conversación pretérita, que se oía como una grabación vieja, de fonógrafo o gramófono, palabras almacenadas en un cilindro de cera ya arañado o en un disco de vinilo machacado por el tiempo. A los pocos minutos los hombres se despedían y callaban y, como si alguien le hubiese dado nuevamente al play, el diálogo volvía a repetirse exactamente igual, con las mismas palabras. La tercera vez hice sonar mi voz: interrumpí diciendo ¿Quién habla? Los hombres se callaron un momento, como pendientes de mí, pero retomaron la plática en el mismo punto exacto en que la habían dejado cuando me sintieron unos segundos en silencio. Después seguí escuchando: otra vez la despedida y el fin, otra vez el play, otra vez ellos y, en esa nueva audición, yo preguntando Quién habla.
A veces regreso al teléfono y descuelgo. Ellos siguen hablando lo mismo y del mismo asunto, y yo vuelvo a meter baza ocasionalmente: callan de nuevo, esperan mi mudez y entonces continúan. Así, mis cortas intervenciones de dos mil once van incorporándose a esa grabación de mitad del siglo pasado.
A veces regreso al teléfono y descuelgo. Ellos siguen hablando lo mismo y del mismo asunto, y yo vuelvo a meter baza ocasionalmente: callan de nuevo, esperan mi mudez y entonces continúan. Así, mis cortas intervenciones de dos mil once van incorporándose a esa grabación de mitad del siglo pasado.
Crónicas uruguayas (IV)
El edificio es moderno pero el ascensor, como el portero, tiene aspecto de antiguo: a la cabina se accede mediante dos puertas, una que da al rellano y que es la primera que debe abrirse para pasar el interior, y otra corrediza, como una reja, que debe abrirse a continuación. Entonces uno, ya desde dentro, las cierra en el mismo orden: primero la exterior y después la interior. Luego ya aprieta el botón y se va al bajo, o al quinto, o a la altura que desee. Para salir se hace al revés: se abre primero la de dentro y después la de fuera. Si no, puede sucederte que te quedes ahí eternamente.
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